Basada en los ojáncanos de peluche de David os presento esta camiseta con ojáncano de fieltro, a petición del cliente.
Modelo
navideño y
mini
Para los que no sepan lo que es un ojáncano os dejo la descripción de la wikipedia
http://es.wikipedia.org/
El
ojáncano u
ojáncanu es un monstruo maligno de la
mitología cántabra,
1 infortunio de
Cantabria, personifica el mal entre los
cántabros y representa la maldad, la crueldad y la brutalidad. De carácter salvaje, fiero y vengativo, esta criatura habita en las profundas y lúgubres grutas de los parajes más recónditos de
La Montaña y cuyas entradas suelen estar cerradas con maleza y grandes rocas. Los más viejos contaban que daba miedo ver al ojáncano andar por encima de la nieve en las noches claras de enero. La
mitología recoge la creencia de que los desfiladeros y barrancos han sido hechos por estos míticos personajes.
Ojalá te quedes ciegu,
ojáncanu malnacíu,
pa arrancarte el pelo blancu
y te mueras maldecíu.
Dicho popular.
Este
gigante antropomorfo posee un aspecto descomunal, con un único ojo similar a un
cíclope, su voz es grave y profunda como un trueno. Todo su enorme cuerpo está cubierto por un pelo áspero y rojizo proveniente de la espesa melena y la barba, de donde le crece un pelo blanco, el único punto débil del ojáncano. Si se le consigue arrancar tras cegarle el único ojo que tiene en su frente, muere.
Por otro lado la tradición dice que tienen mucho miedo a los
sapos voladores y a las
lechuzas. Cuando un sapo volador toca al ojáncano este muere si no consigue una hoja verde de
avellano untada en sangre de
raposo.
Los ojáncanos se alimenta de
bellotas, de las hojas de los
acebos y de los animales y
panojos de
maíz que roba. Pero también come
murciélagos y aves como las
golondrinas, además de los tallos de las
moreras, y suele hurtar a los pescadores las
truchas y las
anguilas.
Ente las maldades que la mitología cántabra atribuye a este
ogro está el de derribar árboles, cegar fuentes, robar ovejas, raptar a jóvenes pastoras, destruir puentes, matar gallinas y vacas, abrir
simas y
barrancos, arrastrar peñas hasta las
camberas y
brañas donde pasta el ganado, rompe las tejas, robar imágenes en las iglesias y dejar bojonas (con cuernos defectuosos) las vacas. Además, siembra entre los lugareños el rencor, la soberbia, la envidia y el hurto. A los recién nacidos se les protegía para que no fuesen raptados por ellos con ungüentos de
agua bendita.
Paralelamente existen versiones que cuentan la existencia de ojáncanos bondadosos, nacido uno cada cien años, a los que se les podía incluso acaricar y ellos agradecidos avisaban de la llegada de los ojáncanos malos. Este monstruo es considerado el ser más popular de la
mitología de Cantabria.
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